lunes 17 de marzo de 2008

La hora réferi

El domingo los argentinos durmieron una hora más. Los sesenta minutos de sueño que habían perdido durante el último diciembre con el fin de aprovechar más la luz solar y ahorrar energía les fueron devueltos. La pregunta es si el pequeño esfuerzo valió la pena o si podría haberse aplicado mejor, pese a no generar pérdidas nivel global.
Si bien en varias provincias, traducido en criollo, “de la mitad del mapa para abajo”, seguramente deben haber ahorrado energía, en el norte es difícil creer que haya pasado lo mismo. Allí, el calor es sofocante y “estirar el día” lo único que genera son aumentos en el uso de aire acondicionados y ventiladores, que cada día consumen más energía. La venta de equipos de aire acondicionado, según cifras del INDEC, fue el rubro dentro de los electrodomésticos que más aumentó el año pasado. La suba fue de un 114 por ciento con relación a 2006.
Un estudio de FUNDELEC de 2007 señala que los nuevos equipos de refrigeración demandarán “600 MW adicionales de potencia, que equivalen a la mitad de la producción de la central hidroeléctrica El Chocón”, según informó iEco en noviembre del año pasado. Por otro lado, en febrero de este año, la presidenta Fernández de Kirchner anunció que, como consecuencia de las medidas oficiales, el ahorro energético había sido de 600 MW, o, lo que es lo mismo, que el ahorro sólo sirvió para poner en funcionamiento alrededor de 1 millón de equipos de aire acondicionado nuevos.
Visto así, parecería que en algunas zonas se tendría que haber tomado la medida contraria, es decir, retrasar la hora para “achicar el día” y economizar el uso del aire acondicionado. Dividir al país en dos zonas podría haber sido una medida más coherente y no debería haber llamado la atención ya que en muchos países funciona así.

Los ñoquis no soportan el calor

En concordancia con el plan de ahorro energético del gobierno nacional, varias provincias modificaron, por ejemplo, el horario de la administración pública al retrasar su funcionamiento una hora. Lo que no encaja con el plan es que en prácticamente todos los edificios del Estado se utiliza el aire acondicionado desde el preciso momento en que alguna persona entra en las oficinas hasta que la última se retira. Y si bien en algunos lugares se racionalizó el uso, en la mayoría no fue así. Basta acercarse a cualquier dependencia oficial de la región de Cuyo o del norte argentino para comprobarlo. Y ni que hablar de las muñecas de aquellas mujeres que apelaron a los abanicos.